Asociación Regiomontana de Psicoanálisis A.C.

Carácter y errores de pronóstico

Dr. Alejandro Tamez Morales*

 

Voy a referirme hoy a los errores en que incurrimos al evaluar pacientes, y sugerir

psicoanálisis como una solución a lo que están buscando. Es decir, cuando nos equivocamos en la

apreciación de lo que va a ocurrir en la situación analítica.

En algunas ocasiones decimos que un paciente es candidato ideal para psicoanálisis

y resulta que abandona pronto la experiencia. Otras veces, pensamos de un enfermo: “este

se desorganizaría si sólo se reclina en el diván”, lo tomamos en una psicoterapia y pronto

comprendemos, o el paciente mismo nos lo hace saber, que nuestro trabajo debiera ser más

Preguntémonos ahora que es pronóstico (Px.). El diccionario tiene la siguiente

definición: “Es una predicción o suposición de las cosas futuras, hechas por la observación de

algunas señales” (Gueventter, 1952). En medicina se refiere al desenlace de un proceso morboso.

En psicología solemos utilizarlo para decir si el paciente se va a recuperar de sus conflictos

emocionales. En este trabajo me voy a referir, cuando diga Px, a la aplicación del concepto como

predicción de la evolución de la situación analítica.

Es pertinente aclarar que el Px abarca ambos componentes del proceso, ya que no es

exclusivo del paciente, ni el que sus síntomas o problemas se eliminen, tampoco sería exclusivo

del analista, es decir, que sea un buen paciente para “análisis”, incluso si eso significa que el

paciente asista a todas sus sesiones, pague a tiempo y parezca que hable todo lo que se le ocurre.

Para propósito de este trabajo se considerará buen pronóstico cuando el paciente y el analista que

se encuentran inmersos en la situación analítica quedan con el sentimiento de haber dedicado su

tiempo en algo que resultó de beneficio para los dos, independientemente de los afectos que se

generaron en ambos, todo esto a través de la resolución de la neurosis de transferencia.

Con respecto al problema de la cura (Lacan, 1958), ésta no se refiere a la resolución de

los síntomas del paciente, el caracterópata incluso no los tiene; tampoco se refiere a conducirlo

por el camino de la normalidad, difícil definir eso, yo no lo sé, los que creen saberlo condenan a

los pacientes a ser extensiones narcisistas de ellos. La meta del psicoanálisis es, a mi entender, el

develar lo inconsciente logrando esto a través del proceso analítico, un tanto complicado y extenso,

en el que se da un desarrollo especial de relación que llamamos neurosis de transferencia, y que

al resolverla ocurre un entendimiento o insight de lo inconsciente, y esto provee al paciente de

una excelente herramienta para hacer cambios en su vida, si es que así lo desea éste. Con esto

quiero decir que el analista solamente desea analizar, no desear por el paciente, ni decidir por éste

los cambios a realizar, puede ser inclusive que el paciente decida no hacerlos, de todas maneras el

Lo dicho en el párrafo anterior ha provocado polémica en algunos grupos de

psicoanalistas, algunos critican la postura psiquiatrizada de pretender curar síntomas y problemas

de carácter a través de una técnica especializada llamada psicoanálisis, argumentando que

eso es como ubicar al psicoanálisis como una “criada” de la psiquiatría. A mí entender esto

puede ser verdad sólo parcialmente, si pensamos que no sólo se discuten maneras de pensar el

psicoanálisis, sino también fidelidades y aspectos políticos intergrupales. Estoy de acuerdo en que

se pervierte el sentido del análisis cuando se desea algo más que analizar, es decir, el analista

desea que el paciente “haga algo” específico para considerarlo “mejorado” por el análisis; pero

esto es verdad parcialmente, porque yo quisiera saber si alguien puede no desear, controlar sus

deseos. Al analista se le puede exigir, y así debe ser, que controle sus actuaciones, pero no sus

La única manera que he entendido para controlar estas actuaciones del deseo de curar es

teniendo muy clara la identidad de analista, es decir, que el deseo de analizar predomine sobre el

natural deseo de que alguien haga algo que uno piensa que es correcto.

Hay varios deseos del analista que podemos descubrir en un análisis: 1) el deseo de

analizar, 2) el deseo de que el paciente desee analizar, 3) el deseo de que el paciente haga

cambios internos y externos que éste mismo decida y 4) el deseo de que el paciente “haga algo”

específico que represente lo que el analista considera correcto. Los primeros tres están en todo

análisis, el cuarto se presenta en ocasiones y si se actúa se pervierte el análisis. Los primeros

dos se confiesan abiertamente, el tercero no; aún así, aunque no confesemos y actuemos nuestro

deseo de que el paciente haga cambios intrapsíquicos que se reproduzcan externamente en

conducta, cambios para los que el análisis le brinda las herramientas al paciente para elegirlos, es

importante no confesarlo y actuarlo por razones técnicas, no pertinentes a este trabajo.

Lo resultante es, por supuesto, una prescripción paradójica, bien señalada por Watzlawick

(1973), que al igual que otras paradojas en psicoanálisis, como la de asociación libre, en la que

se le pide al paciente que haga algo que de antemano sabemos que es imposible de realizar. En

el caso del curar, le enviamos al paciente un mensaje que podríamos traducir así: “mi deseo es

analizar, no cambiarte, esto último es asunto tuyo” encierra la paradoja de que en el fondo todos

sabemos que el analizar provoca que el paciente se mueva y cambie, cumpliendo así con el otro

deseo del analista, de que el paciente cambie. Esto se parece al caso del padre del adolescente

que desea que éste haga algo y lo logra -paradójicamente- al no pedírselo.

Me he detenido en esta controversia del cómo conceptualizar el curar en psicoanálisis,

ya que afecta la manera de pensar el Px, que a mi juicio provoca algunos de los errores de

Por otro lado, es indiscutible que Px. está íntimamente ligado a su hermano el

diagnóstico psicoanalítico. Garza-Guerrero nos aclara (1983, 1989) que éste consta de tres ejes

fundamentales. El primero se refiere a lo sindromático; el segundo, al diagnóstico caracterológico; y

el tercero, al nivel de organización psicoestructural. Intentaremos analizar la influencia de cada uno

en errores del Px. y una consideración más en cuanto a aspectos inherentes al analista.

Me voy a estar refiriendo al célebre trabajo de Chediak (1979) quien divide las reacciones

del analista hacia sus pacientes en cinco tipos: a) entendimientos intelectuales, b) respuesta

general al paciente como una persona, c) la transferencia del analista hacia el paciente, d) la

contratransferencia del analista, y e) identificaciones empáticas. Chediak les llamó propiamente

contrarreacciones a los incisos b), c), d) y e).

I. ERRORES EN EL DIAGNÓSTICO FENOMENOLÓGICO

Parece obvio, pero hay que decirlo, cuando hay confusión en el nivel sindromático se

cometen errores, por consecuencia, en la apreciación del Px. Podríamos empezar por considerar

la pobre experiencia de un entrevistador novel, el no conocer los cuadros caracteropáticos puede

provocar que se realicen malas predicciones e indicaciones. En otras ocasiones nos dejamos llevar

por información proporcionada por el paciente y hacemos diagnósticos acelerados (Caso Número

1). Aquí podríamos localizar las reacciones del analista por entendimientos intelectuales (Chediak,

Es frecuente que se utilicen clasificaciones antiguas e indicaciones por ende equivocadas,

por ejemplo, pensar hoy en día que las crisis disociativas que antiguamente se clasificaban como

neurosis histéricas se traten, todas ellas, de pacientes de este tipo de organización y por ende que

sean de buen Px para psicoanálisis.

Otra apreciación equivocada es el hacer una relación directamente proporcional entre

la apariencia del paciente fenomenológicamente hablando y el Px. Por ejemplo, si el paciente

es agresivo, pensar que es de mal Px, si relata que tiene malas relaciones interpersonales,

pensar que es igual a mal Px, y llegar al extremo un tanto ridículo, que los únicos pacientes para

psicoanálisis son los que están sanos.

II. ERRORES DE DIAGNÓSTICO ESTRUCTURAL

Como habíamos señalado, Garza Guerrero (1983, 1989) propone que diagnóstico en

psicoanálisis debe incluir consideraciones psicoestructurales, dividiéndolas en tres organizaciones,

psicótica, limítrofe y neurótica, y propone variables para diferenciarlas.

Es importante no guiarse sólo por el diagnóstico sindromático, ya que ocurren serios

errores de Px. Es frecuente ver que se piense en diagnóstico de histeria como sinónimo de

psicoanálisis, basta recordar el célebre trabajo de E. Zetzel (1969) “La así llamada buena

histérica”, que al igual que H. Solís (1989) las clasifica en 4 niveles, según su organización de

personalidad, siendo las de nivel más bajo, de mal Px. para psicoanálisis.

Por otro lado, no siempre que un paciente presenta severas alteraciones en su conducta

sexual podemos pensar que es de bajo nivel organizacional. Un ejemplo es aquella persona con

severa promiscuidad sexual, histérica, de nivel neurótico, guiada por intensos sentimientos de

En otros casos los pacientes parecen estar bien organizados externamente en su vida,

y la carencia de ansiedad y síntomas hace pensar en una organización neurótica, sin embargo,

también se ven pacientes limítrofes en esas condiciones.

Hay pacientes neuróticos de mal Px. por el grado de sus resistencias, o por lo anquilosante

de su estructura, y hay enfermos psicóticos con buena evolución en una situación analítica. Por

lo tanto no podemos decir que sea el único factor Px. el nivel organizacional, pero sí de gran

Kernberg (1977) nos señala como factores de buen Px. que el paciente tenga en su

historia relaciones de objeto estables, aunque fueran conflictivas; y un nivel de integración

superyoica lo suficiente como para empatizar con los valores del analista y poder trabajar juntos.

III. ERRORES DE PX Y DIAGNÓSTICO CARACTEROLÓGICO

Aquí me voy a referir a la influencia que sobre el Px. tiene el conflicto psíquico,

responsable de la conformación de la estructura de carácter que en particular existe en cada

paciente. Podemos decir que este punto se refiere a la respuesta general del terapeuta al paciente

como persona y un tanto a las identificaciones empáticas.

Tenemos por ejemplo pacientes con muy mal Px, aún siendo de organización neurótica,

aquellos pacientes masoquistas que tienen la tendencia a hacer reacciones terapéuticas negativas,

tempranamente descritos por Freud (1923), y que al primer progreso terapéutico abandonan el

análisis por no tolerar la mejoría (Caso Número 1).

Por otro lado, está la patología narcisista, que por su muy particular manera de ser no es

extraño que el paciente dé la apariencia de una persona con problemas sencillos, o de tratarse

de un neurótico y que su cooperación va más allá del simple insight. Aquí también podríamos

englobar a pacientes con personalidad antisocial que nos hacen pensar en un excelente Px.

La explicación de estos últimos casos se debe a la manera tan fácil como estos pacientes

tienden a seducir al analista y atraparlo en esa fusión del self real, objeto real y self ideal

(Kernberg, 1970 y 1974; Garza Guerrero, 1980).

IV. CONTRARREACCIONES DEL ANALISTA Y ERRORES PRONÓSTICOS

Aquí nos interesan principalmente los incisos c) y d), la transferencia y contratransferencia

del analista. En cuanto a la primera poco podemos decir, ya que la tendencia a transferir en cada

terapeuta tiene su idiosincrasia personal. Se refiere aquí a la tendencia a reaccionar de una

manera uniforme a ciertos pacientes y cometer errores en el juicio diagnóstico y Px. por conflictos

inconscientes del analista. Por ejemplo, un terapeuta con una madre posesiva puede tener

problemas en evaluar a mujeres posesivas, etcétera.

En ocasiones por problemas inherentes a la situación externa del analista puede mal

interpretar la información, por ejemplo, existen casos en que uno considera distorsionada la

información que propone el paciente, esto por influencia de una tercera persona a quien de

antemano uno le otorga el crédito (Caso Número 2). Otro ejemplo es el ver con frecuencia la

influencia de la edad del analista en la apreciación de cierto tipo de pacientes. He observado

que analistas mayores dan frecuentemente mejores pronósticos que los jóvenes, aludiendo a su

Influyen también las condiciones del paciente no directamente relacionadas con su

psicopatología, me refiero al nivel socioeconómico del paciente. A manera de broma en la Clínica

Nova los médicos internistas frecuentemente me dicen: “Ustedes, cuando reciben a un paciente de

apellido de cuatro letras y que está bien económicamente, dicen: ‘Usted es una persona estresada

por su trabajo y exigencias sociales, las cuales le han provocado dificultades con sus hábitos de

ingestión de bebidas alcohólicas y necesita un psicoanálisis a largo plazo para poder descubrir las

frustraciones de su infancia’, pero si se trata de una persona de bajo nivel socioeconómico, por el

mismo problema le dicen: `Usted es un pobre borracho sin remedio'”.

En el nivel contratransferencial, hay pacientes que hacen reacciones transferenciales

severas y agresivas, y tienen la tendencia a “caer gordos”. No es raro que analistas

contrarreaccionen a esta agresión, con pobre tolerancia a ésta, no pudiendo ser continentes (Bion,

1963) de las manifestaciones primitivas de mecanismos defensivos como identificación proyectiva,

reaccionando entonces el terapeuta con contraidentificaciones proyectivas (Grinberg, 1963)

contestando en forma inmediata y agresiva con su mejor revólver, las interpretaciones prematuras

y en forma de “balazo” (De León y Tamez Morales, 1984), y si éstas no hieren al paciente, sacan

las metralletas del diagnóstico y Px. pésimo, con la única intención -consciente o inconsciente- de

devaluar al paciente, cuando es claro que muchos de estos pacientes pueden ser beneficiados sin

abandonar el sillón analítico.

Esto último es importante, ya que hay pacientes con caracteres narcisistas que

desarrollan intensas transferencias negativas con devaluación y agresión hacia el analista, no

obstante, pareciera necesario este transferir para la buena evolución del análisis. Lo último

podría parecer una contradicción a lo que dijo Freud (1912) en cuanto a que se necesita de cierta

transferencia “tierna” para la buena evolución del proceso analítico. Esta contradicción es sólo

aparente, pienso que el paciente narcisista, de todas maneras, de forma silente guarda esta

relación “tierna” con el analista, y aunque no se hable ahí está y sostiene el proceso; si no, no

habría paciente narciso que se quede en un análisis, ni analista que lo tolere, por más Kohutiano y

Hay pacientes narcisistas que hacen transferencias especulares (Kohut, 1971) y logran

que el analista se contraidentifique como extensión de su mundo idealizado. Nada extraño es

encontrar este tipo de idealización mutua en análisis didácticos.

CASO CLÍNICO NÚMERO 1:

Se trataba de una joven en los inicios de su tercera década, estudiante universitaria, de

aspecto triste y atormentado, que me fue referida por el servicio de preconsulta (misma que llevó

a cabo un residente de tercer año estando yo en el segundo en la Unidad de Psiquiatría), tenía

el diagnóstico de psicosis considerándola una paciente muy dañada y me la enviaba para terapia

de apoyo y seguimiento psicofarmacológico, mismo que el residente de mayor jerarquía había

iniciado con Tioridazina a dosis antipsicóticas. Al entrevistar a la paciente, después de que me

confesó que sólo tomó una pastilla por no tolerar dicho medicamento, descubrí que el diagnóstico

fue basado en el hecho de que la paciente se quejaba de escuchar voces que la atormentaban,

mi compañero las catalogó como alucinaciones, pero se trataban de una crítica pertinaz interna

de la paciente y no de una descompensación psicótica. El error de diagnóstico y de Px. fueron

dados por dos factores. Por un lado, la entrevista con el residente fue de 10 minutos motivado

por el sobrecarga de trabajo, y por otro lado influyó el estilo caracterológico de la paciente, que

buscaba ser menospreciada a través de ser catalogada como una enferma mental y no merecer

ser escuchada más tiempo, todo esto provocado por intensos sentimientos de culpa. La tomé

victorioso, en un tratamiento de corte analítico, pensando: “Ahora sí me hice de una excelente

paciente neurótica de alto nivel para psicoterapia”. En el segundo mes de tratamiento, después de

un esclarecimiento psicodinámico que me pareció importante y liberador de culpa, la paciente ya

no volvió a tratamiento. Hizo lo que llamamos una reacción terapéutica negativa, ésta ocurrió al no

tolerar ni el avance del tratamiento ni mi intención de comprenderla. Es posible que esta paciente,

que inicialmente pensé de buen pronóstico, sea de los enfermos más difíciles de entender y

con pronóstico no predecible. Quizá algunos de estos pacientes podrían tratarse si se interpreta

tempranamente la transferencia negativa y no sólo sus aspectos positivos (De León y Tamez

En este caso vemos errores de Px. a varios niveles. El primero por la deshumanización

institucional y la pobre atención que se le dio al interrogatorio psiquiátrico; el segundo, por su

carácter masoquista tratando de ser catalogada como enferma mental; y el tercero, relacionado

también con su carácter, el no haber valorado la intensa resistencia de la paciente que manifestó a

través de la reacción terapéutica negativa y el error de pensar que todo paciente de nivel neurótico

CASO CLÍNICO NÚMERO 2:

Una paciente en el final de su tercera década de la vida fue evaluada por un equipo

interdisciplinario en la Unidad de Psiquiatría al ser referida de manera obligada por sus jefes,

quienes la catalogaban como una persona conflictiva en su área de trabajo. Especialista en su

ramo y evidentemente perseguida, culpaba a algunos jefes de quererla perjudicar y a otros de

seducirla sexualmente. Se presentó ante nosotros primero en actitud retadora y luego abatida por

la sensación de haber perdido ante aquellos. Fue evaluada y se diagnosticó una personalidad

paranoide organizada a nivel limítrofe. Curiosamente no hubo ningún desacuerdo en el equipo

como suele suceder en esos pacientes. Se pronosticó una evolución sombría por su nivel

organizacional, su estilo caracterológico, su pobre conciencia de enfermedad y por haber llegado a

tratamiento en forma obligatoria. Pese a ello, le ofrecí terapia de corte psicoanalítico y ella aceptó

de buena gana la idea, justificándose de que así les iba a demostrar a sus jefes que ella podía ser

mejor. Para mi sorpresa la paciente evolucionó satisfactoriamente en el tratamiento, se comportó

en éste con una típica personalidad histérica de nivel neurótico, desarrollando una transferencia

erótica y utilizando principalmente mecanismos proyectivos neuróticos, cayendo frecuentemente

en conflictos triangulares en su vida y en la transferencia con la compañera psicóloga que aplicó

las pruebas psicológicas. Tiempo después pude comprobar accidentalmente, en forma externa,

que la persecución que sentía al inicio del tratamiento por parte de sus jefes era real, llegando

incluso uno de ellos a amenazarla con correrla si no accedía a sus demandas sexuales.

Si pensamos que en la evaluación participamos un médico y una psicóloga residentes

del último año del entrenamiento, una trabajadora social con más de 15 años de experiencia,

supervisados todos por el jefe de consulta externa de la clínica, es difícil pensar que nuestro error

fuera por desconocer la psicopatología o por falta de información. Creo que en este caso se dieron

errores de diagnóstico y Px. por otros motivos. El primero de ellos es que nos dejamos influir por

la información de terceras personas (los jefes de la paciente quienes solicitaban la evaluación).

El segundo fue porque la paciente estaba muy perseguida y en crisis por temor a perder su

trabajo, y extrapolamos el que en ese momento se veía fenomenológicamente mal con su nivel

organizacional, error común en las evaluaciones. Tercero, confundimos la proyección neurótica de

la paciente con mecanismos de identificación proyectiva de pacientes limítrofes, esto influido por

el error de pensar que debe ser directamente proporcional el nivel de angustia con lo primitivo del

mecanismo de defensa (Kernberg, 1984).

La paciente después de un año de psicoterapia, ella misma pedía un abordaje más

analítico e inició un análisis típico a largo plazo.

CONCLUSIONES Y DISCUSIÓN

1) Se concluye que Px. en psicoanálisis no se puede evaluar igual que en medicina, éste

está relacionado con la posibilidad de sostener la situación analítica y llevar al paciente a recorrer

sus conflictos mediante el desarrollo y resolución de la neurosis de transferencia.

2) Lo anterior es frecuentemente desviado y distorsionado por deseos del analista, ajenos

al deseo de analizar, de ahí distorsiones en la evaluación del éxito de casos.

3) Se cometen errores de Px. por falta de información del cuadro psicopatológico, de

no considerar el nivel de organización psicoestructural, por el estilo caracterológico sui generis

y no tomar en cuenta las resistencias de cada paciente, la influencia de información recibida por

terceras personas, el nivel socioeconómico del enfermo, y la transferencia y contratransferencia del

Quisiera asentar que el tema del trabajo versó sobre los errores de Px. y no sobre lo

que normalmente se evalúa en un paciente y que nos influye para considerar su Px. Aquí se han

presentado solamente algunas notas extraídas de la experiencia en relación a los factores que más

frecuentemente afectan el Px.

Podría pensarse que si resulta frecuente que nos equivoquemos al sugerir un análisis por

errores de Px., entonces podría indicarse a todos los pacientes el psicoanálisis y luego observar

en cuales no funciona éste y después cambiar de táctica terapéutica ya que sabemos que es más

complicado hacer lo contrario. O incluso tomar la postura, que en algunas ocasiones se escucha,

defendiendo una identidad puramente psicoanalítica en la que “a todos los pacientes les indico

psicoanálisis porque eso es lo que soy yo, psicoanalista, y si no que busque a otra persona, porque

yo ya dejé de ser psicólogo o psiquiatra”.

Otra postura sería el condenar a muchos pacientes a no recibir el beneficio del

psicoanálisis por resultar muy exigentes en sus indicaciones.

Yo no estoy de acuerdo con estas posturas radicales. Creo, sin embargo, que es posible

tener una identidad psicoanalítica, intentar entender a todos los pacientes analíticamente, y tomar

decisiones en el curso de la evaluación o después, ya en tratamiento, siempre con la humildad de

reconocer nuestros errores.

RESUMEN

Se discuten los errores más comunes en el pronóstico (Px.) de pacientes en análisis.

El Px. es influido por la concepción que se tenga de la cura en el análisis. Ocurre ésta en

el analizante al recorrer sus conflictos mediante el desarrollo y resolución de la neurosis de

transferencia, sin abandonar la postura analítica del deseo de analizar. Es frecuente que otros

deseos del analista desvíen la intelección de la cura. Tomando esto como base se revisan

errores en el Px. a nivel fenomenológico, la influencia de información distorsionada por terceras

personas, los errores al no tomar en cuenta el nivel de organización psicoestructural, la manera

en que ciertos tipos de carácter distorsionan la percepción del analista, así como el subestimar

las resistencias del paciente. Por otro lado, contrarreacciones al status socioeconómico del

analizante, y la transferencia y contratransferencia del analista. Se presentan dos casos clínicos

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*Psicoanalista Titular de ARPAC. Médico Psiquiatra de Clínica Nova.

**Fecha original de presentación del presente trabajo fue febrero de 1990.