Asociación Regiomontana de Psicoanálisis A.C.

Caracter personalidad, estructura organización y otros terminos aledaños

CARÁCTER, PERSONALIDAD, ESTRUCTURA, ORGANIZACIÓN Y OTROS TÉRMINOS ALEDAÑOS

Dr. Hernán Solís Garza*

Carácter, personalidad, estructura, sistema, organización, falso y verdadero self, identidad,

temperamento, constitución y estereotipo, son términos que ameritan un deslinde semántico; sin

desconocer la indudable función ancilar, de auxilio o servicio, entre conceptos pertenecientes a

distintos o parecidos campos; empero, estamos aún lejos de la tarea que en el solar de las ideas

literarias realizaron Alfonso Reyes (1944) y Rangel Guerra (1989).

Santiago Ramírez (1975) rememoraba a Karl Menninger cuando de carácter se hablaba.

Decía: “La conducta, de la misma manera que la cicatriz en la pata de un oso, que se formó

cuando era chico, no importa la naturaleza del terreno que pise, la huella será igual, repetitiva,

sistemática, iterada. Lo que ha sido es y seguirá siendo” (p.168).

El obligado diccionario de Corominas (1961) hace constar que “carácter” proviene del latín

character = hierro de marcar ganado y charactereris significa carácter de estilo, característico. A

la vez, el vocablo griego kharacter viene siendo carácter distintivo, marca, figura. Voltaire (1764)

prefirió, impresión, señal. “Es lo que ha grabado en nosotros la naturaleza” (p.109). Nada de esto

alejado de Menninger y su “pata de oso”, tampoco distanciado de la conseja popular que enseña:

genio y figura hasta la sepultura, ni divergente del pensamiento de José Luis González quien

expresó, que por lo reiterativo, el carácter neurótico era como el “Bolero de Ravel”. (Ramírez, 1975,

p.8). Freud (1914, 1916, 1920) había descrito la compulsión a repetir en varias formas, ligándola

primero a la neurosis, posteriormente al carácter; él hablaba de neurosis o compulsión de destino

(Laplanche y Pontalis, 1967; Fedida, 1974).

Ahora sabemos que el carácter, para bien o para mal, puede cambiar; las histéricas de alto

nivel mejoran con los años, las intermedias empeoran (Zetzel,1968; Sugarman, 1979; Solís,1989),

los narcisos positivos, más si obtienen logros, se fortalecen camino a viejos, los negativos se

ahogan en un lago llamado envidia (Erikson, 1950; Kohut, 1966; Kernberg, 1975; Solís, 1976,

1982, 1983), el compulsivo deprimido se humedece con los afectos pasados los cincuenta, el

compulsivo paranoide se persigue hasta con su sombra. Los ejemplos podrían seguir con algunos

adictos y sociópatas limítrofes que se reponen un tanto después de los treinta.

“Personalidad” deriva del latín persona (máscara de actor, el que no da la cara). En el

mundo náhuatl “adquirir rostro” es llegar a la “identidad” por medio de una faz auténtica. “Rostro –

advierte León Portilla (1956)- mantiene un paralelismo con la voz griega prøsopon (cara), “tanto en

su significado primitivo de carácter anatómico, como en su aplicación metafórica de personalidad”

(p.68). En este sentido, carácter y personalidad tienen mucho en común. Persona guarda a la vez

una gran similitud con cierta idea de Winnicott (1965) “veo el self verdadero -escribió- como una

potencia escondida, preservada por el falso self” (p. 9).

El término “estructura”, psicoanalíticamente hablando, parte de las condiciones

estructurales tripartitas del aparato psíquico (Freud, 1923). Yo, ello y superyó son estructuras

con una relativa constancia en sus objetivos y consistencias en los modos de operar (Moore,

Fine, 1968). La palabra viene del latín structure =conformación, hechura; aceptándose como

psicología estructural la composición de una experiencia psicológica con sus elementos, atributos

y combinaciones (Merani, 1976). Lo anterior se enriqueció con la teoría general de los sistemas

(Bertalanffy, 1968; Peter Freund y Schwartz, 1971) y el estructuralismo (Lévi-Strauss, 1958;

Seve, 1971; Katz, Doria, Costa Lima, 1975), donde se opina que en toda estructura cuentan los

elementos, pero más sus interconexiones. Sistema, del griego systema =reunido en un todo; es

un conjunto estructurado, compuesto de partes relacionadas que se comportan como una unidad

(Mardones y Ursua, 1987). English y English (1974) piensan igual. Visto así, estructura y sistema

son intercambiables.

Desde el materialismo histórico (Marx, Engels, 1845-1932), la supraestructura dominante

determina la organización interna de una sociedad o grupo, gracias a lo cual lo establecido

permanece igual. El joven Reich (1933) continuó estas formulaciones estructurales al aseverar

convencido que el “orden social crea aquellas formas caracterológicas que necesita para su

preservación” (p.20). Cabe aquí la necesidad de ver los sistemas no sólo como estructura de

equilibrio (homeostasis), sino también como promotores de cambio (hetereostasis).

¿Qué es organización?, pregunta Bertalanffy (1968) y él mismo se contesta: Los

organismos son por definición, cosas organizadas, con características tales como crecimiento,

diferenciación, orden jerárquico, totalidad, dominancia, control, competencia, etc. Kernberg (1976),

desde el análisis estructural delimitó los niveles de organización en la patología del carácter

(psicótico, limítrofe y neurótico). Aquí también estructura y organización son equiparables.

“Identidad” procede del latín identitas = lo que es lo mismo; la persistencia de

características que distinguen a las personas entre sí, permaneciendo éstas constantes a través de

las modificaciones acaecidas en el curso de la vida. La visión analítica es semejante. Parece ser

-apuntó Jacobson (1964)-, que el vocablo identidad fue aplicado originalmente por el malogrado

Victor Tausk, en su deslumbrante artículo acerca del “Aparato de influencia” (1919). Ahí el futuro

suicida refirió cómo el niño descubre objetos, incluyéndose en ello y así seguirá su lucha para

sobrevivir buscando una y otra vez el encontrarse de nuevo.

Hartmann (1950), Erikson (1950), Jacobson (1964) y Kernberg (1976) han laborado el

terreno; ellos se complementan, sin dejar de imprimir su sello personal. Una breve nota sobre las

ideas de Kernberg sería la siguiente: a la identidad personal se llega mediante la organización

epigenética de las identificaciones e introyecciones bajo el comando de la función sintética, lo

que implica la consolidación del yo como estructura, un sentido de continuidad del self, una clara

consistencia en los vínculos interpersonales y la real convicción afectiva de que el afuera confirma.

En suma, la identidad integrada es el más alto nivel de organización en las relaciones objetales y

del self (Kernberg, 1976 pp.31-34).

“Temperamento” de temperamentum = complexión, y “constitución” de constitutio =

complexión también, vienen siendo la “combinación proporcionada de los elementos de un

todo” (Mir, 1964), comprendiendo así los factores hereditarios y adquiridos, determinantes de la

estructuración física y psíquica del sujeto. Sin embargo, la tradición clínica correlaciona más al

temperamento con los afectos y la constitución con lo heredado.

“Estereotipo” del griego stereos =sólido, firme, duro y de typos = impresión, huella,

molde, es el último de los términos a revisar; trátese de un fenómeno psicosocial colectivo

alimentado por los aparatos ideológicos del estado (familia, escuela, iglesia, prensa, periódico,

radio, televisión, etcétera). Todos ellos al servicio incondicional de la clase dominante (Althusser,

1970). El estereotipo puede ser falso o verdadero, positivo o negativo, pero en general rígido y

persistente. Para Béjar Navarro (1968) los “estereotipos funcionan como generalizaciones acerca

de la configuración total de un rasgo, carácter, comportamiento, etc., que puede presentar un

individuo, grupo, clase, o nación a las cuales se les atribuye una serie de características distintivas

y peculiares” (p.73).

Bien, ahora nos limitaremos al estudio del carácter, la estructura y los niveles de

organización, nombrando una serie de estaciones que comprenden un intento de sistematización

del quehacer psicoanalítico; esfuerzo iniciado por Freud (1923), Reich (1933), Klein (1946),

Rapaport (1951,1960), Arlow y Brenner (1964) en lo estructural; continuado por Sandler y Joffe

(1969) con lo experiencial y lo no experiencial, campos a explorar que Wallerstein (1976) apreció

como la gran tarea futura del psicoanalista.

El impulso de esta corriente llegó al departamento de Psiquiatría del Hospital Universitario

(U.A.N.L.) hace trece años.** Dos trabajos de Garza Guerrero (1989, 1989a) darán constancia de

su labor. Dicho colega, no satisfecho con el estático D.S.M. III (1980), partió de Kernberg (1976,

1977) para proponer un esquema multiaxial en el diagnóstico que incluye lo descriptivo (D.D.),

la caracterología (D.C.), el análisis estructural (A.E.) y el nivel de organización (N.O.). Núñez

(1989) recogió sus ideas y las de Boesky (1988) en relación al uso indiscriminado de nociones con

diferentes niveles de inferencia y el peligro de la reificación, es decir, dar a un concepto categoría

observacional. En un punto están de acuerdo los tres autores: dentro de la metapsicología (Freud,

1916,1924; Rapaport y Gill, 1959) el punto de vista con mayor poder explicativo es el estructural,

pues comprende lo dinámico económico y es eje central de lo epigenético. No existe duda –

agregamos nosotros- de que el enfoque estructural es piedra angular en la teoría y práctica de

grupos, familias, instituciones y concepto-puente que facilita el tránsito del paradigma individual

al grupal, sin demérito de la clínica (Solís, 1988). El estructuralismo, a la par, tiene influencia

primordial en la filosofía, antropología, historia, economía y lingüística. Sobre lo último, baste

anotar que Lacan (1958) escuchaba siempre a un inconsciente estructurado como lenguaje. Sin

embargo, por razones de centralidad mantendremos el foco por el momento sólo en lo epigenético.

¿Qué entendió Erikson (1968) por principio epigenético? Él tomó prestado de la biología

la noción de que el desarrollo empieza en un óvulo sin estructura, que al evolucionar produce un

embrión que se va diferenciando por causas externas, dando así lugar a órganos o partes que no

existían en el huevo fecundado. Él aplicó este principio a la creación de una teoría epigenética del

desarrollo, operante en toda la vida y donde también influyen los hechos exteriores (epi-génesis).

Jacobson (1964), debemos apuntarlo, alertó en contra de esta conceptualización sociológica de la

identidad del yo, actitud crítica que después subscribiría Kernberg (1976). El tema es polémico, los

factores sociales han sido tratados -entre otros- por Fromm (1936), Reich (1933), Tartakoff (1966),

Rappaport (1974), Racamier (1975) y Shneider (1979).

Para Garza Guerrero (1989) el modelo epigenético concibe una estratificación jerárquica

de niveles, cualitativos y cuantitativamente distintos, en la organización gradual del funcionamiento

mental, lo cual habla de una diferenciación e integración de relaciones objetales internalizadas,

dando esto lugar a la formación de estructuras endopsíquicas. Agregamos de nuestra parte

la postura de Lucien Seve (1971) quien advierte sobre la diferencia entre el examen de una

estructura en un momento dado (punto de vista sincrónico) y el estudio de sus transformaciones

a través del tiempo (punto de vista diacrónico) o bien la posición de Gray (1981) que considera

a los “precursores de sistemas” como el primer paso del proceso de formación, transformación y

reorganización estructural. Todo lo anterior es desarrollo epigenético.

¿Cómo resumiríamos la esencia de lo experiencial y no experiencial de Sandler y Joffe?

Nos auxiliamos nuevamente de Wallerstein (1976), Garza Guerrero (1989, 1989a) y Núñez

(1989, 1989a), no sin participar de motu proprio. Los rasgos del carácter son eventos clínicos,

fenomenológicos, experienciales, las estructuras intrapsíquicas no lo son. Las experiencias de

deseos, memorias, fantasías, palabras, afectos, síntomas, pertenecen al mundo subjetivo, son

vivencias; aquí habita el porqué de la conducta, lo hermenéutico. “Hermenéutica”, del griego

hermeneutikøs, relativo a la interpretación de los textos, deriva de hermeneus, intérprete, traductor

(Abbagnano, 1961), también del latín hermeticus por Hermes Trismegisto, descifrador nato del

simbolismo oculto; el tres veces grande (Royston Pike, 1951). El Freud (1900) interpretador de

sueños es hermeneuta por antonomasia. “La hermenéutica -afirma Ferrater Mora (1983)- permite

comprender a un autor mejor de lo que él se comprendía a sí mismo” (p.192). El retorno a Freud de

los franceses, ante todo Lacan, lo ejemplifica.

En el reino de lo no experiencial se manejan mecanismos, funciones, aparatos,

estructuras, sistemas, organizaciones. Se trata de explicar el cómo de la conducta, sus causas,

es el sustento conceptual. Lo experiencial queda dentro de lo fenomenológico y hermenéutico, es

la comprensión, las ciencias del espíritu de Dilthey. Lo no experiencial está en el positivismo de

Comte, las ciencias naturales. En relación a ciertos personajes, debo declarar que Fantaseo es

hermeneuta, Realisto, positivista. Ambos son hermanos y enemigos de reduccionismos.

Los modelos psicoanalíticos en que me apoyo van en línea con lo planteado por Tubert

(1987), a explicar: fenomenológico o descriptivo de la experiencia, hermenéutico o interpretativo

de lo latente, y naturalista o explicativo de las causas; esto nada alejado de las ideas de

Modell (1984), quien continuando el pensamiento de Ricour, Habermas y Polanyi, postula la

complementariedad del sentido biológico y el histórico. He ahí lo dialéctico y circular del quehacer

Si retornamos con Garza Guerrero y su esquema multiaxial en el diagnóstico, lo

descriptivo y caracterológico se basaría en lo fenomenológico y la hermenéutica, mientras que

el análisis estructural y por ende el nivel de organización se fundamentaría en lo hermenéutico y

desde las ciencias naturales, siendo el positivismo -creemos- la meta de Garza Guerrero. Los neo-

hermenéuticos no piensan así. Mardones y Ursua (1987) presentan al padre de este movimiento

con las siguientes líneas:

“Para Gadamer en la discusión entre el explicar (Erklären) científico y el entender

hermenéutico (Verstehen), la primacía la tiene el entendimiento hermenéutico. Antes de

todo entender explicativo o científico -natural, está, como previo y fundante, el entendimiento

hermenéutico. Todo entendimiento auténtico exige interpretación” (p. 71). Afirmamos de nuevo que

el peligro está en el reduccionismo y el porvenir en la integración.

Para terminar, de mí sé decir que un punto me queda claro; cada vez que el “Psicoanálisis

– Institución” se halla en crisis, los epígonos se dedican a la tarea de intentar probar lo científico de

nuestro trabajo aunque casi nunca se ponen de acuerdo (Panel, 1989), (Shapiro, 1989), (Panel,

1989-a). En lo personal estoy más con Kolteniuk (1976) quien sitúa al psicoanálisis como “una

ciencia en formación” (p.148), amén de que él, heréticamente eleva lo interpretativo a la altura del

arte. Empero, al final de su libro dubita “es el tiempo el que decidir -concluye- si los componentes

artísticos del psicoanálisis constituyen un rasgo permanente o un arcaísmo superable” (p.151).

Estamos de acuerdo.

La investigación prosigue, el arma es de dos filos; uno puede confirmar al psicoanálisis

como ciencia; el otro puede servir para firmar su acta de defunción.

RESUMEN

En el trabajo se intenta un deslinde semántico de los términos carácter, personalidad,

estructura, sistema, organización, falso y verdadero self, identidad, temperamento, constitución y

Se revisa también lo referente a experiencial y no experiencial (Sandler y Joffe), campos

que Wallerstein apreció como la gran tarea futura del psicoanálisis. En esta línea se examinan

dos trabajos de Garza Guerrero que comprenden su esquema multiaxial de diagnóstico, donde

partiendo de Kernberg incluye lo descriptivo, lo caracterológico, el análisis estructural y el nivel de

organización, todo ello desde una perspectiva integral.

Al final, el autor apunta los modelos psicoanalíticos en que se apoya, a decir:

fenomenológico o descriptivo de la experiencia, hermenéutico o interpretativo de lo latente, y

naturalista o explicativo de las causas (Tubert). Ello nada alejado de las ideas de Modell, quien

continuando el pensamiento de Ricoeur, Habermas y Polanyi, postula la complementariedad del

sentido biológico y el histérico. He ahí lo didáctico y circular de nuestro quehacer psicoanalítico.

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*Psicoanalista didáctico de A.R.P.A.C.

Maestro del Depto. de Psiquiatría, Hospital Universitario UANL.

**Fecha original de presentación del presente trabajo fue febrero de 1990.